sábado, 4 de octubre de 2014

Una multitud recibió a Dilma y Lula en San Pablo para el cierre de campaña

El centro paulista se vistió de color cuando la presidenta y su antecesor recorrieron en camioneta unas cuadras de la peatonal, a poco más de un día de los comicios del país más grande de América Latina.


La céntrica plaza Ramos de Azevedo, frente al Teatro Municipal paulista, fue el punto del encuentro de militantes políticos y sindicales de todo el país que se agruparon para darle el impulso final a la presidenta antes del desafío que tendrá el domingo cuando enfrente las urnas en los 27 estados brasileros en busca de su reelección.

La espera, enmarcada entre nubes, viento y repentinos rayos de sol, estuvo rodeada también de seguidores del PT, funcionarios, miembros de agrupaciones y sindicatos que levantaban banderas y coreaban el jingle presente en toda la campaña “Dilma, Corazón Valiente”, mientras repartían gorros y calcomanías con la cara de Dilma y Lula.

"Creemos que el gobierno brasilero va bien y tenemos que darle continuidad", explicó Marlene Clementino, de 42 años, representante de los trabajadores químicos mientras repartía banderas.

Para Marlene, Rousseff eligió el centro de San Pablo para despedirse de la campaña porque "el centro paulista traduce la popularidad de Brasil" y al ser consultada sobre la conocida apatía de la metropolí por el PT, la mujer respondió que "San Pablo en general puede ser un poco conservador porque aún hay un sector que cree en la vieja política pero el pueblo trabajador, el que todos los días se levanta para ir a su trabajo y alimentar a su familia, ese es el pueblo que hoy viene a darle apoyo a Dilma y por ellos la presidenta viene aquí".

Más atrás, entre carteles rojos con la leyenda: "Más cambios, más PT" y "Mexer nos meus direitos, nem que a vaca tussa" (lo que representaría algo así como "Tocar nuestros derechos, minga") frase que Rousseff utilizó cuando le preguntaron si otro candidato podía interrumpir las conquistas sociales, y los militantes del PT tomaron de bandera, la plaza se fue poblando.

"En 12 años de gobierno hubo una inclusión que nunca tuvo Brasil, políticas en la distribución del ingreso", comentó Rafael Costa, de 25 años, estudiante de historia de la Universidad de San Pablo.

"Dilma es la única opción y lo demostró anoche, cuando fue la única candidata que quiso debatir propuestas", agregó Costa al referirse al debate televisivo de TV Globo, donde los aspirantes presidenciales cerraron la campana, al menos en los medios, porque la legislación brasileña permite actividad electoral antes de los comicios, aunque con la particularidad de que a los candidatos se les permite exhibirse públicamente, pero no pronunciar discursos.

Al lado de Rafael, cuatro personas convertidas en tomate, zanahoria y ají iban saludando a los nenes presentes en la plaza. Los hombres disfrazados llevaban un cartel enorme rojo con letra blanca que explicaba el atuendo: "Dilma es alimentos en la mesa".

"Dilma mejoró la mesa del trabajador, hay más producción, hay más posibilidades de consumir, si Dilma no gana, la mesa de cada uno corre riesgo", explicó Marcio Ladeira, un publicitario de 26 años mientras le tomaba una foto con su celular a los hombres vestidos de alimentos.

En la previa no faltó nada, incluso a metros del “Dilmamóvil”, vehículo que llevaría a Dilma y Lula luego, desde un edificio arrojaron un huevo que explotó en la calle, cerca de los presentes. La reacción fue inmediata: silbidos, gritos y el coreo "Dilma, Dilma!!" hacia la ventana.

Pero la espera tomó sentido cuando el fundador del PT y la presidenta aparecieron y se subieron a la camioneta junto con el candidato a gobernador de San Pablo, Alexandre Padilha, y comenzó la procesión por plena peatonal paulista.

De saco rojo y cuello negro, sonriente y de la mano de su padrino político y líder del PT, Lula, quien también vistió de rojo, ambos saludaron a la multitud que pareció multiplicarse cuando aparecieron.

Entre cables de decenas de medios locales y extranjeros, banderas, comerciantes que se asomaban, los seguidores de Rousseff le gritaban y saludaban emocionados.

"¡Dilma, Dilma por favor, continua dándonos trabajo, por favor!", gritó una señora suplicando, mientras le rozaba la mano. "Eso haremos", le gritó Rousseff mientras saludaba.

El recorrido de unos 600 metros terminó en la plaza de la República, y alteró el mediodía de San Pablo, donde empleados que no estaban enterados de la visita se vieron sorprendidos por la marcha.

"Vine porque hay paro de bancarios y yo soy moza de esa entidad, así que me escapé para verla a ella", dijo Hilda, con el uniforme característico, mientras caminaba.

Luego, la candidata que inició ayer sus actividades con una caminata en el ABC de San Pablo, visitó Minas Gerais y hoy le dará fin a la campaña en San Bernando do Campo, previo al domingo, día en que millones de personas decidirán el destino de Brasil.

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