domingo, 14 de junio de 2015

A los 82 años, murió Sergio Renán, figura central del cine, el teatro y la ópera

El director de cine, teatro y ópera y figura central de la escena argentina falleció ayer a la mañana a los 82 años a causa de problemas de salud que lo aquejaban y que lo mantuvieron internado durante las últimas semanas.



Nacido Samuel Cohan, el 30 de enero de 1933, Sergio Renán, nombre que a esta altura ya figuraba en sus documentos, conservaba parecido porte elegante de sus años mozos, cuando vino de la colonia judía entrerriana donde nació al barrio de Once, en Buenos Aires, donde su familia creía que de grande llegaría a ser un violinista exitoso, sin imaginar que dejaría aquel instrumento para dedicarse por completo a actuar.

Su muerte adquiere un carácter épico, la de su lucha contra problemas físicos que ya una vez lo habían sumido hace dos décadas en un largo coma del que pocos suponían podía retornar, y hace más de cinco años con uno nuevo que le opuso -en principio- resistencia pero poco después debió resignarse a someterse a a un tratamiento indispensable para sobrevivir.

Cuando en 2008, después de muchas idas y venidas aceptó a acceder a una larga entrevista sobre su vida, puso condiciones a propósito de la fecha de su nacimiento, de lo que iba a hablar de su intimidad -casi nada-, de política, menos aún de algún tema fuera de su vida artística irrelevante para el juicio artístico (que guardaba bajo siete llaves).

Eso sí, de lo que sí iba a hablar era de que más allá de su pasión por la música, como músico frustrado, materializada cada vez que ponía en escena una ópera incluso con el aporte del mundo audiovisual, de que el papel de El Rufíán Melancólico (de "Los siete locos", de Leopoldo Torre Nilsson, fue el mejor que le tocó en cine), lo más importante era dirigir cine.

Si hubo una palabra que le calzaba de medida era seducción, y hablar de su carrera múltiple, ya sea como actor de teatro y cine, como director, de teatro y de cine, también de televisión, y de regisseur de ópera, aquí y en España, siempre será parcial e injusto porque, era inabarcable.

Cuando hace 40 años deslumbraba a críticos y a los espectadores habituales de las salas a oscuras con un filme minimalista como “La tregua”, o cuando reconocieron en aquel elenco a actores la mayoría provenientes del teatro, con poca o ninguna experiencia en cine, todos se sorprendieron.

Con “La tregua”, el que había sido actor de renombre y director de TV en un ciclo por el viejo Canal 7, rompió moldes y mostró a una familia reponiéndose de una ausencia, tratando a pesar de todo, de ser felices, incluso con una inocencia que hoy parece imposible pero en verdad era la que se vivía entre las cuatro paredes de la clase media ajustada, donde uno a uno, cada personaje exponía sus alegrías y tristezas.

El filme fue el primero en ser oficialmente candidato a un Oscar como mejor película no hablada en inglés, y eso revolucionó al cine nacional y al mismo Renán que desde entonces tuvo que superarse a sí mismo, cosa que le resultó difícil porque su filmografía, por muchos motivos, tuvo idas y venidas. Por ejemplo “Crecer de golpe” (1976), su versión del libro “Alrededor de la jaula”, de Haroldo Conti, con Ubaldo Martínez, presentada tras el golpe de marzo, un estreno complicado ya que el autor en que abrevaba era un desaparecido de la dictadura cívico militar, y muchos sus colegas eran perseguidos y en consecuencia recurrían al exilio.

Más allá de haber puesto su nombre, contratado y según confesó "tentado por el vil metal" a “La fiesta de todos”, filme de montaje con unos pocos sketches ad hoc sobre el Mundial de Fútbol de 1978 realizado en Argentina, él mismo venía de figurar en las listas negras.

En 1980 volvió a la literatura, esta vez con “Sentimental”, subtitulada "Requiem para un amigo", una novela de Geno Díaz en la que él mismo estuvo delante de cámaras junto a Pepe Soriano, pero no resultó demasiado acertada ni exitosa.

Después llegó “Gracias por el fuego”, segunda incursión en el universo de Benedetti, que demostró por cuarta vez su talento para dirigir actores, una cualidad con la que volvió a sorprender en “Tacos altos”, en 1985, según dos relatos de Bernardo Kordon una curiosa mirada de un mundo lumpen.

Sin embargo, y a un costo de producción muy elevado encarado principalmente por un canal de televisión, un viejo sueño llegó a la pantalla, una vez más con un elenco impresionante y una puesta en escena de alguna forma relacionada con la ópera que tanto amaba: "El sueño de los héroes".

Así, Renán viajó por el tiempo al universo complejo, mágico y a la vez de pesadilla con el que Adolfo Bioy Casares había sorprendido hacía mucho tiempo en el papel, una auténtica puesta a todo despliegue de una historia ambientada en la década del 30 y en un Buenos Aires con carnaval, comparsas, disfrazados y, nuevamente, actores de fuste, que afirmaba era su segunda obra cinematográfica más querida y probablemente la más ignorada y golpeada por la crítica.

La inversión que requirió aquel filme, y los tropiezos que tuvo hasta su estreno, persuadieron a Renán que era hora de pegar un nuevo rumbo a su vida, y justo allí un golpe en su salud lo llevó a permanecer un largo periodo en coma profundo y, tras su recuperación, a ocupar diferentes cargos públicos, en la Cancillería y en su amado Teatro Colón.

Renán alternó, desde entonces, el teatro, el cine y la ópera, y en éste último rubro se destacó aquí y en España, siempre a la expectativa de volver al cine con un proyecto propio, no obstante en 2001 recibió una oferta de ese país para dirigir “La soledad era esto”, según la novela de Juan José Millas.

Finalmente, con “Tres de corazones” (2007) volvió a incursionar con escenografía popular, esta vez de acuerdo al original de Juan José Saer, que fue su última película, hace ya ocho años, dejando pendientes varios proyectos que suponía, estaban fuera de lo que los productores quieren hoy, y seguramente de su capacidad física, como por ejemplo, un musical.

En los los últimos tiempos la salud lo había golpeado una vez más, en esta oportunidad con un cáncer de cuerdas vocales, lo que implicó intervenciones quirúrgicas importantes y un problema comunicacional a través de su voz, tan característica, patrimonio fundamental de un actor retirado de ese papel hacía décadas, pero que lo había afectado y deprimido como nunca antes.

A pesar de todo volvió al teatro y a la ópera, recibió entre aplausos de sus colegas actores y directores el Cóndor de Plata a la Trayectoria en 2014, y recientemente en el Bafici, en medio del cine autoproclamado independiente del que supo reírse y mucho, con algunas excepciones, presentó la copia digital remasterizada de "La tregua".

Dijo Jose Pablo Feinman de "La tregua", en Página/12: "Cuenta la historia de un amor simple y extraordinario a la vez. Alguna vez fuimos felices. En algún momento se puede serlo. En algún instante el dolor nos da una 'tregua'".

Aseguró Feinman en ese recuerdo memorable que "siempre será posible (o habrá que creerlo para seguir sencillamente adelante) abrir una puerta y encontrarse a una chica como Laura Avellaneda, con el pelo mojado por una lluvia reciente, con una toalla alrededor de su cuerpo joven, con su cara de muñeco gracioso, mirándonos, esperándonos como ella espera a Martín Santomé y decir como dice él: 'Así, exactamente así, es la felicidad'. Así, exactamente así, es el cine".

Los restos de Renán fueron velados desde el mediodía y hasta alrededor de las 20 de ayer en el Teatro Colón, el coliseo argentino que dirigió entre 1989 y 1996 y, luego, brevemente, en 2000.

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