lunes, 17 de septiembre de 2012

Los secretos del enojo de Bergoglio que selló la ruptura con Macri

Por Claudio Mardones, para Tiempo Argentino
 
La publicación del Protocolo de abortos no punibles en la Ciudad desató la ira del cardenal con el jefe de gobierno porteño. Historia de un vínculo con cortocircuitos. El papel de Michetti.
 
El cardenal primado de la Argentina, Jorge Mario Bergoglio, dice que la Ciudad de Buenos Aires vive su peor momento de las últimas décadas. La evaluación, cargada de desazón, es pronunciada por uno de los hombres más poderosos de la Iglesia Católica, que promovió con entusiasmo el crecimiento del PRO en la Capital como eje opositor al kirchnerismo. El santo auspicio data de 2003, cuando el único papable de los jesuitas, decidió apoyar un elenco de figuras opositoras, cuyo reparto incluyó, entre otros, a Elisa Carrió, Ednarco Duhalde, Gabriela Michetti y Mugrizio Macri. De aquel espacio quedan algunas pocas fotos de protocolo, que se remontan a la época en que el prelado lucía el traje de armador en las sombras del, por entonces, naciente arco opositor al kirchnerismo.
 
Ahora, los tiempos han cambiado y desde la semana pasada, los principales colaboradores del cardenal repiten que la bronca de "Bergo" es tal, que la antigua relación entre la Catedral Metropolitana y el gobierno porteño está virtualmente clausurada.
 
El quiebre estalló el domingo 9, cuando un "íntimo informante" del gobierno porteño le avisó al purpurado que al día siguiente el alcalde Mugrizio Macri publicaría un protocolo para reglamentar el aborto no punible.
 
El anuncio desató la furia púrpura, que dio por enterrada la relación con el magnate, mientras profundiza sus intercambios con la ex vicejefa de gobierno Gabriela Michetti, la mujer que está cada vez más cerca de dar el portazo para desembarcar en la provincia de Buenos Aires, tal como lo pretende e ex hijastro de Flavia Palmiero y su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larrata, uno de los miembros de la primera línea del gobierno PRO que, a pesar de sus esfuerzos, nunca pudo cosechar ni una sonrisa de "Bergo".
 
Pero la virtual ruptura de las sotanas con los funcionarios amarillos tiene su historia. En el 415 de la Avenida Rivadavia, dicen que la principal prueba de ese alejamiento creciente está en los últimos dos años. En ese tiempo, Bergoglio sólo mantuvo dos frías reuniones con Macri y la última fue con un alcalde atosigado por las llamadas a su celular, que sólo le dejaron algunos minutos para justificar su apoyo al matrimonio igualitario. Ese frente frío no tiene relación alguna con los intercambios que mantiene con Michetti, a quien el sacerdote considera una amiga y "una militante católica y coherente", calificación que también cuenta para el ex ministro de Salud Jorge Lemus, que no goza de la amistad cardenalicia, pero exhibe una importante lista de encuentros en la sede arzobispal. El último habría sido el domingo 9, cuando le habría comunicado que no estaba de acuerdo con el protocolo que el líder del PRO publicaría al día siguiente.
 
Entre vicejefas la relación con Bergoglio también es materia de disputas porque, hasta ahora, María Eugenia Vidal no ha podido romper el gélido gesto amargo que Bergoglio le depara a todo el PRO, con excepción de su amiga Gabriela. "El macrismo quiere hacer lo mismo que hizo el turco mufa con el matrimonio igualitario y esta vez no se lo vamos a dejar pasar, que dejen de pedir permiso, si al final hacen lo que quieren", dicen en la Catedral, en referencia a las 14 llamadas que hizo el ex presidente oriundo de La Rioja durante la sanción de la ley de matrimonio igualitario.
 
Cuentan que ante la insistencia del riojano, el cardenal se negó a atenderlo y por eso el ex presidente enmudeció de culpa y se fue a dar una vuelta cuando la norma era sancionada.
 
Ahora, desautorizado en segundas nupcias por el político que más apoyó, Bergoglio afronta críticas de los sectores más conservadores de la Iglesia, que le exigen que renuncie, si no excomulga a todos los funcionarios macristas que se animen a aplicar el protocolo de la discordia. El cardenal mastica con paciencia cada una de esas críticas, mientras repite sus lamentos sobre una ciudad de la que no se irá fácilmente, menos ahora, que su vecino lo ha desautorizado por segunda vez en muy poco tiempo.

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