El presidente de Bolivia, abogó, en su asunción ante la milenaria cultura indígena aimara representada en el templo de Tiahuanaco, por "frenar la loca carrera de la destrucción de la Tierra en nombre del desarrollo" y reivindicó el "vivir bien" de su gobierno.
Al acto concurrieron representantes de 40 países, entre ellos una delegación de alto nivel de Estados Unidos, nación con la que están rotas las relaciones diplomáticas a nivel de embajadores desde 2008. Chile, país con el cual las relaciones están rotas desde hace más tiempo por el litigio por la salida al mar que reclama Bolivia, envió sólo una representación del Senado.

Morales que ratificó la necesidad del "retorno al equilibrio" entre cuidado del medio ambiente y el desarrollo, la afirmación de la identidad indígena y de la "revolución democrática y cultural" de su gobierno, dijo que "no planteamos volver al pasado. Se trata de una recuperación científica de lo mejor de nuestro pasado para combinarlo con la modernidad".
Las ceremonias de esta investidura indígena comenzaron con una "limpieza" del gobernante efectuada por sabios de la cultura aimara, que lo acompañaron por los lugares más simbólicos del templo preincaico de Tiahuanaco y luego recibió el bastón de mando como punto de partida de un nuevo período de gobierno (2015-2020) con la energía de las divinidades ancestrales de la Pachamama y el cosmos.
Ante miles personas que asistieron al ritual, entre representantes de organizaciones sociales bolivianas y extranjeras, Morales hizo referencia al nacimiento de Bolivia en 1825 como un país con litoral, cualidad que perdió tras una invasión chilena a finales del siglo XIX, y por la que inició una demanda en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya.
"Nuestro territorio abarcaba desde las costas del Pacífico, desde entonces teníamos cualidad marítima, nuestro mar que se nos quiere negar hoy", subrayó Evo.

A juicio de Morales, "es tiempo de consolidar la revolución educativa y cultural, la revolución de la salud, la revolución en la producción, en la justicia en el trabajo, la revolución del pensamiento".
"Estamos en el tiempo de un gran parto, parto de la esperanza, de la unidad, de la armonía, de la felicidad y de nuestra filosofía de vida", subrayó.
Asimismo, afirmó que ese ritual ancestral que se realizó en el centro de Tiahuanaco es un acto milenario y sagrado para la vida y para la humanidad después que los pueblos indígenas soportaron por más de 500 años "la obscuridad, el odio, el racismo, la discriminación y el individualismo", tras la llegada de los "hombres extraños" que con su filosofía de muerte intentaron hacer desaparecer a los pueblos indígenas del mundo.

El presidente boliviano sostuvo que de esa filosofía de muerte nació el esclavismo, el capitalismo y el imperialismo, y aseguró que para que exista el capitalismo, el imperialismo, "tenían que hacer desaparecer a los pueblos indígenas del mundo".
Pero aseveró que los pueblos indígenas sabían que "nuestro tiempo volvería" y afirmó que lucharon permanentemente para comandar su destino.
"Hemos vuelto, no pudieron hacernos desaparecer, estamos para gobernar nosotros mismos", subrayó al parafrasear a Túpac Katari, líder indígena que se rebeló en 1871 contra los colonizadores y antes de ser descuartizado por cuatro caballo dijo "volveré y seré millones".
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