Por Equipo de Política de Revista Veintitrés
El cuestionado camarista Ricardo Recondo y la curiosa “cadena de la felicidad” que lo llevaba a Libertad 1571 1er piso. Sus visitas frecuentes al edificio de la SIDE en los años del menemismo. Sus vínculos con la familia Anzorreguy. Los polémicos contactos del magistrado favorito de Clarín en una investigación de Revista Veintitrés.

Recondo ingresó al Poder Judicial en 1984. Fue subsecretario de Justicia durante la primera etapa del gobierno de Raúl Alfonsín y camarista federal hasta 1986. Basta revisar su currículum para advertir que, a partir de esa fecha, su actividad profesional aparece definida con el genérico “ejercicio de la profesión”. Pero lo cierto, según las fuentes, es que gracias a la relación que entabló con Jorge Anzorreguy y con el ex director de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Inteligencia, José Domingo Allevato –un amigo de la infancia de la familia Anzorreguy que llegó a la SIDE durante la gestión del hoy procesado Juan Bautista Yofre–, Recondo se convirtió a principios de los ’90 en uno de los jueces favoritos del menemismo. Con Allevato en la SIDE, el estudio de Jorge Anzorreguy amplió su base de operaciones, históricamente afincada en la calle Montevideo 601, y diseñó una poderosa red de contactos judiciales para atender principalmente cuestiones procesales vinculadas a los funcionarios del poder de turno. Según una de las fuentes consultadas, “en ese entonces Jorge Anzorreguy rechazó ocupar la Secretaría de Justicia de la Nación porque consideraba que era un cargo que lo exponía demasiado”. El ofrecimiento se lo había hecho el ex presidente Carlos Saúl Mufa cuando su hermano, Hugo Anzorreguy, ya estaba instalado en la SIDE y Allevato continuaba en funciones en esa dependencia. “La estrategia que elaboraron tenía dos partes, el control del Poder Judicial y el armado de un grupo de abogados para representar ante los juzgados de los distintos fueros a quienes fuera necesario proteger por denuncias de corrupción o de cualquier otro tipo”, precisó la fuente con llegada entonces a ese círculo de influencia. Era habitual, según pudo reconstruir esta revista, verlos juntos en el paquetísimo restaurante Florián, donde Recondo también se relacionó con penalistas como Fernando Archimbal y Carlos Daray.

Recondo, el abogado que llegó al Poder Judicial de la mano de Alfonsín y que por sus contactos se habría integrado el staff jurídico del menemismo, habría dado por terminados esos vínculos cuando estalló el escándalo del supuesto contrabando de armas a Ecuador y a Croacia, que Clarín fogoneó con ahínco desde sus páginas. Según las fuentes, “Recondo, cuya tarea específica era operar en el Poder Judicial para el menemismo, hacía la vista gorda y buscaba congraciarse con Clarín”. A la luz de las denuncias que cayeron sobre el camarista en las últimas semanas por allanarle el camino al multimedios que se niega a desinvertir como ordena la Ley de Medios, el acercamiento con el grupo que comanda Magnetto se afianzó desde entonces. A tal punto que en la última entrevista que concedió al diario Perfil –el 14 de octubre pasado– declaró que “la postulante (María Lorena) Gagliardi viene a desguazar a Clarín”. Ese fue el argumento que esgrimió para oponerse a la postulación de Gagliardi para ocupar la vacante del Juzgado Federal Civil y Comercial Nº 1, que debe decidir sobre el artículo 161 de la Ley de Medios de la democracia. La postura parecía más propia de un defensor privado que la de un consejero y camarista federal. La réplica de Gagliardi fue implacable: lo acuso de “fórum shopping” por considerar que el camarista quería ubicar al frente del juzgado vacante al juez jubilado Raúl Tettamanti “para que falle a favor de Clarín”. La denuncia de Gagliardi podría habilitar un pedido de recusación contra el camarista.

A estas revelaciones, más sus controvertidas actuaciones como consejero, se suman los vínculos comerciales entre Recondo y la familia Anzorreguy, que fueron consignados por diversos medios de comunicación días atrás. El camarista aparece asociado a la familia Anzorreguy a través de la empresa Agro San Francisco S.A. desde 1999 hasta 2005, cuando decidió deshacerse del paquete accionario en su poder. Durante ese período, Recondo poseía el 70% de las acciones de la compañía, mientras que el 30% restante le pertenecía a Agroinmo S.A., una sociedad presidida por Hugo Anzorreguy (h) e integrada por Martín José Anzorreguy y Margarita Anzorreguy de Meferlane. Casualmente, Agro San Francisco y Agroinmo comparten la dirección legal con el Registro Automotor Nº 60 cuyo titular es Hugo Anzorreguy (h). Hugo y Margarita son hijos de Hugo Anzorreguy y Margarita Moliné O’Connor, quien fue directora suplente de Agro San Francisco S.A. durante los años en los que Recondo formó parte de la estructura accionaria de la compañía. Si bien el ex titular de la SIDE no forma parte de las empresas mencionadas, su vínculo con ellas es través de la participación de toda su familia en el directorio.

Los evidentes vínculos de Recondo con la familia del ex jefe de los espías del menemismo y con su hermano, el abogado de los Noble, abrieron un enorme interrogante sobre su imparcialidad a la hora de tomar decisiones sobre una causa de trascendencia institucional como la Ley de Medios a raíz del amparo que favorece al Grupo Clarín. Hasta ahora, estos vínculos que salieron a la luz significaron una derrota para el juez Recondo, ya que la primera consecuencia de las revelaciones fue la designación de un nuevo juez subrogante, distinto del que fogoneaba el consejero, para decidir sobre la vigencia del artículo 161 de la Ley de Medios, que establece los plazos para desinvertir, y el 45, que plantea los límites a la cantidad de licencias que puede tener un mismo grupo societario. Ninguno de estos artículos plantea un límite a la libertad de expresión, tal como quiere presentarlo el Grupo Clarín, sino a cuestiones patrimoniales. Pone un límite a los negocios, no a los contenidos. Aunque el multimedios y su juez favorito se empeñen en sugerir lo contrario.
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