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viernes, 5 de enero de 2018

Trasladan un jardín de infantes y una primaria a un galpón en desuso de Dietrich

LAS FAMILIAS DEL JARDÍN Nº 5 Y LA PRIMARIA BANDERA ARGENTINA, EN RETIRO, SE OPONEN A QUE EL RÉGIMEN FASCISTA PORTEÑO TRASLADE LA ESCUELA A UNA ZONA PELIGROSA DE LA VILLA 31. EL LUGAR ELEGIDO ES UN GALPÓN EN DESUSO DE LA FAMILIA DEL MINISTRO DE TRANSPORTE.

Con un galpón en desuso, aulas modulares y una mudanza compulsiva el régimen fascista de Horacio Rodríguez Larrata resolvió el desalojo de tres escuelas que funcionan en un predio ubicado en Retiro, en Avenida Antártida y Letonia. 

Con la promesa de la construcción de un polo educativo, el Ministerio de Educación de la Ciudad resolvió la mudanza transitoria de la escuela infantil Nº 5 y la primaria Bandera Argentina, o Banderita como le dicen en el barrio, a un predio que no está en condiciones y queda en un sector de la Villa 31 que las propias familias y vecinos consideran conflictivo y peligroso. Los padres presentaron un amparo para frenar la mudanza inconsulta. Desde UTE denunciaron además que con el traslado se perdieron más de cien vacantes. 

La noticia del traslado llegó hasta las familias hace un par de meses, pero en los últimos días se efectivizó el desalojo. El último día de diciembre los docentes que todavía debían concurrir a la escuela y los alumnos que rendían sus últimos finales se encontraron con gran parte del mobiliario fuera de la escuela. Trabajadores de Infraestructura del Ministerio de Educación habían comenzado a desarmar las aulas, incluso con algunos chicos adentro.

El plan del gobierno porteño es mudar los 430 chicos del jardín y los 530 de la primaria a un galpón propiedad de la familia Dietrich, el ministro de Transporte, en la avenida Ramón Carrillo 1720, donde funcionaba una concesionaria de autos. El lugar: un playón vacío, con problemas edilicios a la vista y sin espacio al aire libre. Allí el régimen fascista porteño pretende trabajar contrarreloj para llegar con las refacciones al 15 de febrero, día que los docentes y trabajadores retoman las actividades.

“Decidieron mandar el jardín y la escuela a la zona del Correo Viejo, como se la conoce en la villa, un lugar muy complejo y peligroso por la cantidad de droga y otras rivalidades. La mayoría de las familias dicen que no van a mandar a sus hijos ahí. Sin contar que a la secundaría la dejan en aulas modulares a doce cuadras. Cómo van a hacer las alumnas madres que llevan a sus hijos o los adolescentes que se hacen cargo de sus hermanitos”, contó Florencia Diasprotti, docente y delegada de la escuela que participó de las reuniones con el régimen porteño.

Es que más allá del lugar físico, que el Ministerio intentará poner en condiciones en tiempo récord, el principal problema para los padres es la zona adonde mudan la escuela. Un lugar en el fondo de la villa, conflictivo y peligroso, donde también hay rivalidades entre diferentes sectores del barrio. “Hubo reuniones con autoridades del Ministerio y con un grupo de padres, pero lo único que hicieron fue informar los planes. La única respuesta a las quejas de las familias era que iba ser un año de incomodidades y se la tenían que bancar. Los propios vecinos del barrio te dicen que el lugar es muy peligroso con enfrentamientos diarios y que se escuchan tiros”, agregó la docente. Después de abrazos simbólicos, volanteadas en el barrio y reclamos sin respuesta en el Ministerio, las familias decidieron presentar un amparo como último recurso para frenar la mudanza.

El otro problema que denuncian desde la comunidad educativa es que con el traslado del jardín se perdieron alrededor de cien vacantes de nivel inicial, el nivel con más demanda insatisfecha en toda la ciudad. Diasprotti denunció que no se abrieron las inscripciones para maternal, lactantes ni deambuladores, ni siquiera para los hermanos de los chicos que ya concurren al mismo establecimiento. Según relevaron desde UTE, en la villa 31 cada año faltan 800 vacantes para el nivel inicial. 

“A los maestros ya les dijeron que no vayan en febrero porque la obra no va estar terminada. El lugar es inaccesible, no hay colectivos, son 20 cuadras que los chicos van a tener que hacer caminando en una zona peligrosa. Ellos dicen que en el lugar original de la escuela van a construir un polo educativo pero no hay nada escrito”, sostuvo Eduardo López, secretario general de UTE y dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA). Para el dirigente, la principal sospecha radica en un posible negocio inmobiliario. “Sacan la escuela de una zona donde el metro cuadrado es más caro y la mandan a un lugar inaccesible pero que pone ‘en valor’ el galpón de Dietrich. Doble negocio para ellos y cero para el derecho social a la Educación”, remató López.

Fuente: nota de Alejandra Hayon para Página/12

viernes, 6 de octubre de 2017

La comunidad educativa se resiste el traslado de una escuela de la villa 31 a galpones y fue amenazada

EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES QUIERE REUBICAR A LAS NIÑAS Y NIÑOS EN UN GALPÓN CON LA PROMESA DE QUE CONSTRUIRÁN UN NUEVO EDIFICIO. LOS DOCENTES, PADRES Y MADRES, SE OPONEN AL TRASLADO Y DICEN QUE EL NUEVO ESTABLECIMIENTO NO CUMPLE CON LOS REQUISITOS MÍNIMOS DE SEGURIDAD.

La escuela infantil Número 5 ubicada en el barrio de Retiro, a la que asisten principalmente niñas y niños de la Villa 31, vive momentos de tensión luego de que la comunidad educativa de ese establecimiento decidiera rechazar el traslado intempestivo de su sede ordenado por el régimen fascista de la ciudad de Buenos Aires. 

Según contó una docente de esa escuela, cuyo edificio está en la calle Letonia 96, el miércoles recibieron dos amenazas de bomba que los obligó a evacuar el establecimiento y permanecer durante dos horas con los niños en la calle. Las amenazas llegaron un día después de que realizaran un abrazo simbólico al edificio que el régimen de Horacio Rodríguez Larrata pretende vaciar para demoler una parte y comenzar a construir allí el Polo Educativo Padre Mugica. “Nos está costando caro”, reflexionó la misma docente.

El conflicto entre las autoridades de la escuela y el régimen porteño comenzó en septiembre, cuando el ministerio de Educación confirmó que efectuaría un traslado “transitorio” de la institución a un galpón ubicado en la calle Castillo y Número 12, en la Villa 31. 

La decisión generó malestar en la comunidad educativa, no sólo porque consideran que el nuevo edificio “no garantiza las condiciones de seguridad” y su ubicación dificulta el ingreso de ambulancias o transporte público, sino porque el PRO se había negado sistemáticamente a tratar una ley en la Legislatura que garantizara la construcción del Polo Educativo para ese barrio. Es más, las autoridades de la escuela le reclamaron al régimen que haga entrega de los documentos oficiales en los que conste la decisión administrativa de construir el Polo Educativo en ese lugar, pero no obtuvieron respuesta.

Para los docentes, madres y padres de las niñas y niños que allí concurren, esta decisión “incrementa la situación de alta vulnerabilidad del alumnado” y exigieron a la administración porteña que revise la medida y retome la idea de construir el Polo por etapas, sin afectar el funcionamiento de la escuela. 

La situación se agrava en materia de vacantes. En un informe presentado luego de una reunión con funcionarios de Educación, la comunidad educativa reveló que en el nuevo edificio no habrá lugar para todos. “Disminuirían las vacantes para 2018, serían 120 vacantes menos. A esta escuela asisten 430 alumnos desde los 45 días a los 5 años”, indicaron. Los 120 niños y niñas que quedarían afuera, se sumarán a los 400 que están en lista de espera, sin lugar en la escuela pública. Desde la cartera educativa dejaron trascender que se instalarán aulas modulares (o containers) para paliar esa merma. 

La comunidad también ponderó que el edificio que actualmente utilizan, “aún con la precariedad de su construcción, provee al alumnado de amplios espacios de usos múltiples, cubiertos y descubiertos, patios, arenero, huerta, arboleda. El nuevo espacio no es apto para albergar a los alumnos”.

Fuente: nota de Franco Spinetta para Página/12