Como lo viene haciendo desde las primarias abiertas y simultáneas, el diario de la dupla Mitre-Saguier anticipa (y desea) un futuro inmediato catastrófico con la reelección de Cristina Fernández de Kirchner.

Dicho ahondamiento que le ha provocado la elección mayoritaria de la gente -a la que tanto dice defender La Nazión- ha llevado a un desfile de columnistas pidiendo devaluación y ajuste desde el domingo (Ferreres -también anoche en lo del Gato Sylvestre, junto a Curia, exigiendo un "service del modelo"-, Llach, Laborda, Scibona -que a estas alturas sigue pidiendo menos intervencionismo. No aprenden más- y Pagni queriendo presentar que una modificación en el tipo de cambio (que afectaría especialmente a los asalariados y haría ganar plata una vez más a los adinerados, como en el 2001) sería una política de consenso, mientras que una mayor injerencia del Estado en el Mercado sería una política de guerra.
La Nazión no cesa en su intención de marcarle la cancha a una Presidenta reelecta con el 54% de los votos como si fuera alguno de los primeros mandatarios que se acostumbraban a recibir con beneplácito las indicaciones del chico de los mandados de la Embajada, cual Escribano intentando con Néstor Kirchner en 2003.
Inclusive se advierte una grave contradicción (una más y van...) no sólo en La Nazión sino también en varios otros medios que desean encontrarle una explicación a un panorama que todavía no se creen o bien para deslegitimar dicho triunfo y seguir con sus prédicas antipopulares. Dicha incomprensión se basa en decir que el triunfo de CFK fue una decisión especulativa por parte de la gente que defendió su bolsillo, más que por variables más altruistas. "Es la economía por lo que ganó", se repiten, para renglón seguido excitarse con las decenas de defectos de la economía argentina, a la cual presentan en un estado calamitoso, por poco. Ni qué hablar hacia el futuro, lugar donde depositan sus eternas esperanzas de que el imperio kirchnerista se caiga solo porque ya desistieron de derribarlo (algo de esa resignación hay en la columna de ayer de Romero, que prefiere pensar que los peronistas llegan al Estado para "hacer una diferencia" económica).
Mientras Bárbaro oficia de guardián de la Santa Doctrina Peronista ante el avance kirchnerista y se sigue quejando del personalismo de Cristina (a la cual, había pronosticado antes del 14 del agosto, que el pueblo le iba a bajar el jopo) pero a la vez se queja de que no haya un aglutinador en la Oposición que evite la dispersión de la misma (en otra contradicción que compartía anoche con Joaco en TN); Kovadloff prefiere acurrucarse en los laureles de su República soñada para contentarse con un "El sistema republicano llegó manco a las elecciones y sale de ellas igualmente lisiado", masturbarse con que la democracia se acabó, las desmesuras futuras del gobierno, la responsabilidad del gobierno en la debacle opositora (ah, sí, sí, sí; también de eso tienen la culpa Cristina y sus secuaces), el clientelismo que asegura votos, la falta de controles al Poder monopólico (¡en La Nazión hablan de monopolios!), el estado maltrecho de las institcuiones y demás desvaríos liberales en desuso de las mayorías, para terminar afirmando: "El kirchnerismo no es sino el producto terminal de una transición incumplida desde el autoritarismo hacia la democracia republicana, de la injusticia social a la sociedad del trabajo y la educación. De su rotunda fortaleza política extraerá el kirchnerismo ahora su más ambicioso arsenal conceptual. Irá por la educación para moldearla a su solo criterio. Irá por la información para profundizar el descrédito de toda disidencia. Lo hará como lo ha hecho ya con tantas cosas. Con los derechos humanos y con el Consejo de la Magistratura, entre otras. ¿Por qué se desprendería de la unilateralidad ahora que todo lo puede?".
Un poco de autoexamen y renovación está vedado en una empresa que dentro de poco recibirá su golpe más temido: dejar de poder seguir cobrándole al resto de los diarios de todo el país (luego de 35 años de abusos) un precio por el papel de diario que controla mucho más caro que el que ella misma paga.
El estado de nervios y desesperación de La Nazión -demostrado ya desde el título del lunes ("Todo el poder a la presidenta")- es peor aún que el de Clarín. Lo bueno es que no hacen el más mínimo intento por disimularlo.
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